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Esta semana, una tal Nicole Rey vino a venderme unas pistolas de paintball de un negocio fallido que tenía su novio. No me importaban un carajo las pistolas de paintball, lo que quería desde el momento en que ella entró era que me follara ese coño. Le dije que no le iba a dar más de doscientos pavos por las pistolas y le ofrecí el resto del dinero que necesitaba por ese coño.
Esta semana, una tal Nicole Rey vino a venderme unas pistolas de paintball de un negocio fallido que tenía su novio. No me importaban un carajo las pistolas de paintball, lo que quería desde el momento en que ella entró era que me follara ese coño. Le dije que no le iba a dar más de doscientos pavos por las pistolas y le ofrecí el resto del dinero que necesitaba por ese coño.
Follando en la casa de empeños
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